No importa en qué parte del mundo sea, la guerra siempre es un evento destructivo y desesperanzador; sin embargo, un conflicto nunca es tan dañino y absurdo como cuando involucra las vidas de los niños.
En la provincia China de Dongyang, al llegar la primavera el aroma de un plato típico comienza a esparcirse por el aire. Los cocineros recolectan litros de orina de niños vírgenes, agregan cientos de huevos cocinan la mezcla.